Manejo descuidado: gran culpable de propagar cultivos GM
El descuido en la manipulación de semillas sería la principal razón de la diseminación no intencional de plantas genéticamente modificadas (GM), según una investigación.
Las abejas diseminan genes de cultivos transgénicos a campos cercanos, pero el error humano juega un rol más importante
María Elena Hurtado
17 diciembre 2010
El descubrimiento desafía la creencia generalizada de que la
principal fuente de contaminación de transgénicos es el polen que
llevan las abejas desde cultivos transgénicos a predios cercanos de
plantas no modificadas. El error humano durante la producción y
selección de semillas tendría mayor incidencia, dicen los
investigadores.
Actualmente se cultivan plantas no modificadas cerca o en los mismos
predios de plantas transgénicas para que las pestes tengan donde
refugiarse. Esta técnica previene que las pestes se vuelvan resistentes
a los pesticidas usados en plantas GM. Pero el error humano podría
jugar en contra de esta estrategia ampliamente usada, de acuerdo con el
estudio.
Shannon Heuberger, entomóloga de la Universidad de Arizona, Estados
Unidos, y sus colegas midieron el flujo de genes —el movimiento de
genes entre distintos tipos de plantas cuando hay fertilización
cruzada— en 15 predios de Arizona cultivados con algodón Bt
(Bacillus thuringiensis), un tipo de cultivo muy
difundido.
Los investigadores encontraron que la transmisión de genes por el polen
de abejas era poco frecuente. Menos del uno por ciento de las semillas
de plantas corrientes de algodón contenían genes de algodón BT
transmitidos por esta vía.
En cambio, la selección descuidada de semillas llevó a que en algunos
de los sacos destinados a predios de plantas no modificadas se
encontrara hasta un 20 por ciento de semillas GM. Uno de los predios de
plantas ordinarias resultó con un gran número de transgénicas debido a
error humano al momento de plantar.
“Nuestro resultado más importante es que los productores de semillas
pueden minimizar el flujo de genes examinando la semilla antes de
plantarla y teniendo más cuidado durante el proceso de siembra”,
declaró Heuberger a SciDev.Net.
“En comparación, diseñar estrategias para minimizar la polinización de
abejas entre campos contiguos puede ser complicado, porque es difícil
predecir el comportamiento de los insectos”, agregó.
El estudio concluye que los productores de semillas y los tomadores de
decisión deberían examinar las semillas antes de sembrarlas para
monitorear la presencia de transgénicos; también necesitan comunicar
“la importancia de separar los tipos de semilla al momento de sembrar,
para reducir el error humano”.
María Isabel Manzur, jefa de biodiversidad de la Fundación de
Sociedades Sustentables (FSS), una ONG medioambiental chilena, dijo que
el estudio es “muy interesante, porque ayuda a elucidar en mayor
profundidad cómo ocurre la contaminación transgénica”.
“Corrobora una vez más que los cultivos transgénicos pueden contaminar
cultivos circundantes, hecho que las empresas biotecnológicas se han
esmerado en negar a pesar de la creciente evidencia que demuestra lo
contrario”.
El estudio fue publicado en PLoS ONE el mes pasado (30 de
noviembre).
Enlace al estudio completo en PLoS
ONE.
FUENTE: SciDev.net
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