El hombre y el hambre
A mediados de este mes, en Singapur, la mitad de la humanidad -más de 3.000 millones de individuos- fue condenada a una paulatina agonía, como consecuencia de una vasta gama de trastornos climáticos reales, concretos y diarios, cuyo origen y perspectivas es debatido infecundamente desde 1972, año de la primera cumbre de Naciones Unidas sobre el ambiente humano, en Estocolmo. Incrementados por una plaga creciente y arrolladora: el hambre.
Miguel Grinberg 25.11.2009
Singapur es una isla-Estado situada al sur de la península malaya,
al norte del archipiélago indonesio. Tiene unos cuatro millones y medio
de habitantes. Y un problema central: carece de agua potable. Resuelve
sus necesidades mediante tres tuberías que bombean el líquido desde un
país vecino, Malasia. Y ha hecho sólidas inversiones para desalinizar
el agua del mar, de donde hoy obtiene el 10 por ciento de su agua de
consumo. Étnicamente, es una serena república de mayoría china, con
gran influencia hindú.
Allí, los líderes de las 21 naciones que componen el APEC (Foro de
Cooperación Económica Asia-Pacífico), encabezados por Barack Obama, de
Estados Unidos, y Hu Jintao, de China, debatieron durante cuatro días
la política a asumir durante el venidero cónclave de la ONU en
Copenhague sobre cambios climáticos, junto a sus pares de Australia –el
mayor exportador de carbón del globo–, Brunei, Canadá, Chile, Hong
Kong, Indonesia, Japón, Corea, Malasia, México, Nueva Zelanda, Papúa
Nueva Guinea, Perú, Filipinas, Rusia, Singapur, Taipei chino, Tailandia
y Vietnam. Dadas las agudas divergencias reinantes entre las 192
naciones que se reunirán en la capital de Dinamarca, los asambleístas
resolvieron no abocarse a un acuerdo de partes y postergaron las
definiciones pertinentes para una reunión futura en 2010, tal vez en
México.
Tres días después, otra importante reunión mundial celebrada en Roma
por la FAO (Organización de la ONU para la Alimentación y la
Agricultura) para requerir fondos urgentes a los países ricos, y así
poder cumplir hacia 2015 las llamadas Metas del Milenio aprobadas en
2000 a fin de reducir a la mitad el número global de famélicos, se topó
con una realidad desoladora: no asistieron los líderes de los países
ricos del Grupo de los Ocho. Sólo se hizo presente el jefe de Estado
anfitrión, el primer ministro italiano Silvio Berlusconi. El director
de la FAO, Jacques Diouf, declaró con pesadumbre: “Esperábamos que las
naciones opulentas incrementaran la ayuda alimentaria anual, de 7.900
millones de dólares a 44.000 millones, pero no sucedió. No se fijaron
objetivos, ni plazos, ni montos; apenas se reciclaron antiguas
promesas”.
Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU, fue más patético: “Hay mil
millones de personas que hoy no tienen nada para comer. Cada cinco
segundos, muere de hambre un niño. Son 17.000 por día, seis millones
por año. Esto es inaceptable. Tenemos que actuar”. La declaración final
de la conferencia no incluyó ningún compromiso al respecto.
En su libro El holocausto del hambre, el pedagogo Ezequiel Ander-Egg
destaca: “Al principio, el hambre se hace sentir constantemente, ya sea
cuando se trabaja, se descansa o se duerme. Incluso en los sueños se
hace presente... El vientre parece que grita, luego se hincha. El
cabello se vuelve gris. La piel se agrieta. El sujeto siente como si le
estuvieran devorando los órganos... Pero llega un momento en que se
pierde el hambre; el dolor ya no es agudo, se hace sordo. Un día, el
hambriento ya no se levanta. Todo su pensamiento se eclipsa en un
chisporroteo de centellas dolorosas. Pausas definidas y separadas en el
ritmo respiratorio. La cabeza se inclina hacia atrás, la mandíbula
queda colgante. Los ojos se apagan; la pesadilla se convierte en frío
estupor. Y ese hambriento muere, sin ruido, acurrucado; ni siquiera
puede protestar o rebelarse...”. Este autor resalta que Europa gasta
500 millones de dólares por año en alimento para mascotas.
Ahora llega el turno de conversar en Copenhague. Contrariamente a lo
sostienen con frecuencia ciertos titulares referidos a los denominados
“cambios climáticos” en cuanto a que nuestro planeta “está en peligro”,
tal lectura apocalíptica es errónea. Los que estamos en peligro de
extinción somos nosotros: la especie Homo Sapiens Sapiens.
El Sol comenzó a brillar hace unos 5.000 millones de años. Geólogos y
geofísicos contemporáneos afirman que la edad de la Tierra es de unos
4.500 millones de años. La vida terrestre surgió hace unos 3.500
millones de años. Unos 25.000 años atrás se apagó el hombre de
Neandertal, y pasamos a ser la única especie humana sobre este globo,
identificándonos sencillamente como “el hombre”.
El hambre es un grito agónico que nadie quiere escuchar.
FUENTE: Crítica de la Argentina
Esta noticia se presenta únicamente con fines de información y divulgación hacia un público amplio y diverso, interesado en conocer más sobre la temática central de este sitio web nacional, con el debido respeto y reconocimiento de la autoría y derechos de las fuentes mencionadas. Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su(s) autor(es).
