David Dickson/ 28 abril 2011
El próximo mes (mayo), tras casi una década de intenso debate, se
espera que Kenia se convierta en el tercer país del África Subsahariana
—después de Sudáfrica y Burkina Faso— en aprobar la plantación
comercial de cultivos
genéticamente modificados (GM).
Otros países no están muy lejos de hacerlo.
En 2015 Malawi, Mali, Nigeria, Tanzania, Togo y Uganda podrían estar
cultivando transgénicos, tales como maíz, arroz, trigo, sorgo y
algodón, según un informe publicado por el Servicio Internacional para
la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA, por sus
siglas en inglés), una institución auspiciada por la
industria.
Esto marca una potencial victoria para las políticas basadas en la
evidencia. Pese a aseveraciones en contra, no se han documentado
problemas de salud o ambientales asociados a los cultivos
GM.
Nadie niega que hay riesgos potenciales asociados a la plantación de
cultivos transgénicos, tales como las desconocidas consecuencias de
genes implantados que se propagan hacia variedades nativas, una
preocupación que surgió en México luego de que se autorizara un
estudio de campo de maíz GM. Pero esta es una razón para
asegurarse de que los cultivos GM sean estrechamente monitoreados y
regulados, no prohibidos.
Se necesita que las leyes de bioseguridad entren en efecto antes de que
los agricultores puedan cultivar transgénicos, y aquí es donde
el progreso alcanzado por Nigeria en la adopción de la tecnología ha
sido vacilante.
No obstante, al enfocarse en la bioseguridad el debate político sobre
los cultivos GM podría pasar por alto el más amplio —y más
significativo— aspecto de cómo tales cultivos se usarán en la práctica.
Esto incluye hasta qué punto éstos podrán satisfacer las necesidades de
los agricultores pobres, quienes son responsables de una gran
proporción de la producción agrícola de África.
El gran desafío para aquellos involucrados en el debate de los
transgénicos en Kenia, y en el resto de África, no es cómo promover (o
bloquear) la tecnología o, incluso, cómo demostrar su seguridad, aunque
esto es claramente importante.
El desafío, en cambio, es encontrar formas de asegurar que los cultivos
GM beneficien a los pobres rurales, no solo a los accionistas de las
corporaciones multinacionales que están mirando cada vez más hacia la
agricultura africana como una inversión rentable.
Una cuestión de prioridades
El costo de las semillas GM es una razón para preocuparse. Esta es una
forma en que las corporaciones agrícolas están ansiosas por generar
rentabilidad para su considerable inversión, tanto en investigación de
laboratorio como en ensayos de campo, así como las compañías
farmacéuticas lo hacen a través de los precios de los
medicamentos.
Y al recurrir a las leyes de
propiedad intelectual, las corporaciones pueden apropiarse
de material genético, socavando la
práctica básica de los agricultores de usar (y compartir) sus
propias semillas de un año al siguiente.
Entonces, hay peligro de una pérdida de
biodiversidad —con impacto sobre las variedades de insectos
y aves—si los agricultores se centran exclusivamente en aumentar la
producción de los cultivos más rentables.
Ninguno de estos problemas ha sido creado por la tecnología
transgénica. Es bastante posible imaginar que semillas GM sean
distribuidas a costos marginales (como los fármacos genéricos) y que
sean cultivadas y distribuidas por agricultores sin que exista
preocupación por infringir patentes.
En forma similar, los cultivos transgénicos se pueden usar para
contrarrestar la pérdida de biodiversidad.
Al introducir a la mandioca genes que la hacen resistente a los
virus, por ejemplo, los científicos esperan aumentar la
variedad de cultivos disponibles, ayudando a preservar las variedades
de mandioca preferidas por los agricultores, las que actualmente están
siendo devastadas por enfermedades virales en el este y el sur de
África.
Por lo tanto, si los cultivos GM benefician o no a todos los
agricultores depende de cómo se use la tecnología.
Las políticas agrícolas nacionales deben tomar en cuenta los intereses
y prioridades de los agricultores pobres y darles a las comunidades
rurales suficiente influencia sobre la toma de decisiones, para
asegurar que los cultivos transgénicos satisfagan las necesidades
definidas localmente.
Ciencia sólida
Aunque estas son consideraciones políticas y económicas, no asuntos de
bioseguridad, éstas pueden determinar el contenido de las regulaciones
en los países individuales. Ellas diferirán según las necesidades y
prioridades nacionales, pero comparten dos requisitos
esenciales.
El primero es que todas las regulaciones y los debates que se generan
al respecto, deben tener una base científica sólida. Quienes hacen
declaraciones exageradas y simplistas para las que no hay evidencias
—que los cultivos GM son suficientes para eliminar el hambre en el
mundo, por ejemplo, o que son un veneno que contamina el medio
ambiente— no están sirviendo a los intereses de nadie, sino a los suyos
propios.
El segundo requisito es mayor transparencia. Mientras las corporaciones
multinacionales realizan más esfuerzos por esconder su intervención en
el cabildeo de las regulaciones de bioseguridad, mayor es el riesgo de
críticas cuando su intervención sea pública.
Por ejemplo, cuando WikiLeaks reveló la intervención de la Embajada de
Estados Unidos en Nairobi para ayudar a asegurar la
aprobación inicial de la legislación de bioseguridad de Kenia hace dos
años, hubo una repercusión negativa por parte de ONG
ambientalistas.
El
periodismo científico tiene que jugar un rol clave para
asegurar que ambas necesidades sean satisfechas. Puede investigar sobre
las bases científicas de las afirmaciones tanto a favor como en contra
de los cultivos transgénicos. También puede hacer que el proceso
regulatorio sea más transparente, y asegurarse de que resista el
escrutinio público al monitorear y reportear a grupos de especial
interés.
Nadie espera que los cultivos GM sean la llave mágica para eliminar el
hambre en África. Pero tampoco, si es que están adecuadamente
regulados, se espera que produzcan el Armagedón ambiental que predicen
sus oponentes.
El verdadero desafío es saber cuál es la mejor manera de lograr los
beneficios, incluyendo aquellos que ofrece a los pequeños agricultores,
al tiempo que se identifican y minimizan los riesgos potenciales y se
mantiene la confianza pública a lo largo de este camino. Ciencia
sólida, transparencia total y medios de comunicación comprometidos con
ambas, son los tres pasos en esta dirección.
David Dickson
Director, SciDev.Net
FUENTE:
Red de Ciencia y Desarrollo
Esta noticia se presenta únicamente con fines
de información y divulgación hacia un público amplio y diverso,
interesado en conocer más sobre la temática central de este sitio web
nacional, con el debido respeto y reconocimiento de la autoría y
derechos de las fuentes mencionadas. Las opiniones expresadas son
responsabilidad exclusiva de su(s) autor(es).