Bioagricultura urbana ayudaría a alimentar al mundo
Ante la amenaza climática a la producción tradicional de alimentos, hay que pasar de la agricultura al cultivo celular, dice Lucía Atehortúa.
Lucía Atehortúa/ 2 diciembre 2010 | EN | ES | 中文
Si el cambio climático comienza a limitar la producción mundial de
cultivos alimenticios y energéticos, será necesario desarrollar un
nuevo sistema de producción de alimentos.
Imagine la agricultura en pequeños espacios, usando herramientas de
alta tecnología, como foto-biorreactores que generen energía limpia las
24 horas del día, independiente de factores climáticos externos.
Imagine que ésta estuviera libre de patógenos y agroquímicos, que no
dependiera de las estaciones, y que existiera la posibilidad de
producir cultivos genéticamente modificados que no interactuaran con el
medioambiente ni afectaran la biodiversidad existente.
Esto es la ‘bioagricultura urbana’, un tipo de agricultura de alta
tecnología desarrollada principalmente para grandes
ciudades.
La producción y la seguridad alimentaria han estado bajo amenaza por la
urbanización y el crecimiento de la población incluso antes de que
existiera la perspectiva de una catástrofe climática. Con esto en
mente, nosotros en la Universidad de Antioquia en Medellín, Colombia,
hemos estado desarrollado una serie de investigaciones en cultivos de
células diferenciadas y tejidos para cultivar futuros productos
alimenticios y energéticos.
Hasta ahora, nuestro trabajo se ha enfocado en el uso de cultivos
celulares para producir cacao, aceite de nuez de Barbados
(Jatropha curcas) y jugo de naranja. Otras especies de plantas en
proyecto incluyen la caña de azúcar, el maíz, el trigo y la cebada.
Estos esfuerzos podrían ser un hito para demostrar la viabilidad de la
bioagricultura urbana.
LÍMITES A LA MODIFICACIÓN GENÉTICA
Una solución para el potencial fracaso de la agricultura tradicional
es la modificación genética, la que puede hacer cultivos resistentes a
eventos ambientales extremos, como sequías o inundaciones.
Sin embargo, no es realista esperar que ésta se desarrolle para cada
tipo de alimento. Esto requeriría enormes recursos financieros, mucha
investigación científica y largos períodos para que el cultivo pase
todos los protocolos de bioseguridad necesarios antes de que puedan ser
plantados en el campo en contacto directo con el ambiente natural. Los
cultivos también necesitarían adaptarse bien y tener rendimientos
suficientemente altos como para alimentar al mundo.
Los organismos transgénicos enfrentan otro obstáculo: son el foco de
una preocupación social considerable. Realmente deberíamos mirar hacia
otro lado para hallar la respuesta.
La alternativa podría ser la biotecnología de plantas, específicamente,
el cultivo celular y de tejidos in vitro de las partes comestibles de
ciertos cultivos o frutos. Hasta ahora, no obstante, hay poca
literatura sobre ese tipo de investigaciones.
El cultivo celular también permite la síntesis de nuevos productos
naturales, hace posible crear ‘biofábricas’ para convertir cultivos de
escaso valor en productos altamente valorados y genera nuevos
compuestos que normalmente no son se producen bajo condiciones
naturales. Se pueden generar nuevos productos que no existen hoy en el
mercado, por ejemplo, se pueden mezclar células de cacao con células de
almendra para generar un producto que tenga sabor a cacao con almendra.
También se puede inducir las células usando compuestos llamados
precursores para producir otras nuevas sustancias por la vía de la
biotransformación.
PRODUCCIÓN COMERCIAL
El uso de cultivos celulares ya ha tenido un impacto en la
investigación en fisiología y bioquímica, especialmente en estudios de
metabolismo celular y trabajos para determinar el efecto de sustancias
como hormonas vegetales en respuestas celulares.
En genética, la clonación ha permitido el mejoramiento de cultivos
celulares a través de la fusión de protoplastos —células vegetales en
las cuales la pared celular ha sido removida— y de la transformación
genética. Los progresos han sido tan buenos que con técnicas modernas
ahora no sólo es posible cultivar células libres, sino también permitir
la división celular en un cultivo aislado y luego usarlo para generar
plantas enteras.
Además, el cultivo in vitro de células suspendidas en líquido brinda un
sistema para la producción comercial de una gran cantidad de productos
vegetales conocidos como metabolitos primarios y secundarios.
Si esos sistemas de producción son estables y competitivos en cuanto al
precio, podrían hacerse a una escala adecuada para el uso comercial e
industrial.
La producción de cultivos de este tipo podría ayudar a preservar la
biodiversidad, pues no sería necesaria más tierra o la destrucción de
bosques para la agricultura, se usaría menos agua y se evitaría abusar
de la tierra primaria. Podría ser implementado en cualquier lugar del
planeta, e incluso en el espacio.
El cultivo de células y tejidos tiene el potencial —tanto para la
investigación básica como para la aplicada— de desarrollar productos
industriales como fragancias, tinturas, gomas y resinas, especialmente
en países como Colombia, que tienen una biodiversidad vegetal
considerable. Pero éstos rara vez son implementados en esos países: la
mayor parte de la investigación se realiza en países desarrollados que
tienen relativamente escasa biodiversidad.
La biodiversidad es importante aquí porque el cultivo celular busca
reproducir el material parental original, el que por lo tanto necesita
tener una calidad suficientemente alta. Cualquier parte de la planta
usada para el cultivo de tejido también debe tener una alta calidad
similar.
PREOCUPACIÓN POR LOS COSTOS
La mayor parte de la investigación existente en este campo se enfoca en
la producción de metabolitos secundarios, en parte porque los sistemas
agrícolas tradicionales son ampliamente vistos como económicamente más
viables y seguros para la producción de alimentos. Pero el cambio
climáticos podría inclinar la balanza hacia el cultivo
celular.
El alto costo de los cultivos celulares se debe en gran parte a las
herramientas tecnológicas que requiere, por eso hasta el momento no es
realmente viable para los países en desarrollo producir sus alimentos
de este modo. Pero tal como suele suceder con la tecnología, una vez
que alcanza popularidad y se usa ampliamente, la competencia pronto
hace bajar los precios.
Pareciera, sin embargo, que nunca ha habido un profundo análisis de
costos de todo el proceso, desde la producción básica a través de
cultivos celulares hasta la producción piloto a escala industrial, con
una evaluación de costos en cada etapa.
Cuando las técnicas de cultivo celular hayan sido adecuadamente
presupuestadas de este modo, éstas se podrán comparar con la producción
agrícola convencional del mismo cultivo bajo condiciones naturales, y
también será posible comparar los beneficios ambientales.
Dentro de 20 o 30 años este nuevo sistema de producción podría ayudar a
alimentar al mundo y darnos oportunidades para sobrevivir en el caso de
una catástrofe ambiental.
Pero para que eso ocurra, debe implementarse a nivel mundial tan pronto
como sea posible, de modo que podamos estar preparados para lo que
depare el futuro.
Lucía Atehortúa es profesora de biotecnología del Instituto de Biología
de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de
Antioquia, en Medellín, Colombia.
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