Activistas alertan saqueo de semillas nativas
SANTIAGO, jul (IPS) - Crece el temor en organizaciones ambientalistas e indígenas de Chile por la posible apropiación de semillas nativas por parte de empresas extranjeras, la apertura a cultivos transgénicos y su impacto en la biodiversidad.
AMBIENTE-CHILE/ Por Pamela Sepúlveda
El alerta se activó con diversos proyectos de
ley impulsados por el gobierno del presidente derechista Sebastián
Piñera y en especial luego de que el Congreso legislativo ratificó el
17 de mayo el Convenio UPOV 91, que concede derechos de patente a
obtentores de nuevas variedades de plantas, esto es, a quienes las
hayan descubierto, creado o puesto a punto.
El pacto, de la intergubernamental Unión Internacional para la
Protección de las Obtenciones Vegetales, es una actualización de otro
de 1978 al que Chile ya adhería. La ratificación del UPOV 91 era un
requisito en los tratados de libre comercio que Santiago firmó con
Australia, Estados Unidos y Japón.
El UPOV 91 comenzó a ser debatido en el Parlamento en 2009, pero la
discusión no prosperó sino hasta la intervención de Piñera, que puso
urgencia simple para su trámite en marzo de este año.
Organizaciones sociales y ambientales alertan que esto podría derivar
en despojos al sector campesino, pérdida de biodiversidad y la
introducción de cultivos transgénicos.
"Nosotros lo que pedíamos era que no se votara, pero el gobierno
presionó y la derecha toda desea eso porque los empresarios quieren el
Convenio ya, quieren empezar a resguardar sus inversiones", dijo a IPS
Lucía Sepúlveda, representante de la Alianza por una Mejor Calidad de
Vida y la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas de Chile
(RAP-AL Chile).
Se amenaza "nuestro patrimonio genético. Nuestras semillas una vez más
se ponen en peligro… Sólo quedará una pequeña cantidad que no alcanzará
ni siquiera para la multiplicación, quedarán como especies de museo, de
lo que fue ayer", dijo a IPS Francisca Rodríguez, dirigente de la
Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI).
Desde la otra esquina, para ChileBio, asociación gremial que agrupa a
las compañías Monsanto, Bayer, Dow AgroSciencies, Syngenta y Pioneer,
que investigan, producen, desarrollan y comercializan cultivos
genéticamente modificados, el UPOV 91 sólo trae beneficios.
"Se perfecciona un sistema ya existente. No se va a instalar un nuevo
sistema ni una nueva forma de hacer agricultura en el país", dijo a IPS
Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio.
Agregó que no se produciría ningún cambio en el "sistema de protección
de obtentores, ni en los costos para los productores, ni de que alguien
se pueda apropiar de la semilla de uso histórico".
Pero, preocupados por los posibles efectos del UPOV 91 y su falta de
consulta a los pueblos indígenas, un grupo de 17 senadores presentó un
requerimiento de nulidad ante el Tribunal Constitucional.
Para los parlamentarios, se reducen los privilegios del agricultor, se
quebranta el derecho a la propiedad y se ponen en peligro conocimientos
tradicionales de las comunidades.
Según el Convenio, una planta que no circule en el comercio general o
no aparezca en un registro oficial puede ser considerada nueva o
distinta. Esto posibilita que una empresa se apropie del conocimiento y
biodiversidad de comunidades campesinas e indígenas, sin ley
expropiatoria ni compensación alguna.
Pero el 24 de junio pasado, el Tribunal negó el recurso de nulidad. No
obstante, en su fallo indicó que "correspondía al gobierno, al Congreso
nacional, a los municipios y demás órganos autónomos del Estado
establecer los mecanismos apropiados para realizar las consultas
debidas (…) con el propósito de determinar si una medida administrativa
o legislativa afecta directamente o no a los pueblos originarios" y
proteger a las comunidades indígenas "ante posibles abusos".
Frente a este panorama, preocupa sobre todo que Chile carezca de "un
marco regulatorio que impida que estas leyes no se conviertan en un
saqueo total, un saqueo de nuestros recursos, porque se protege sólo a
las grandes empresas", sostuvo Sepúlveda, autora del libro "La semilla
campesina en peligro"
Manuel Torok, ingeniero agrónomo del gubernamental Servicio Agrícola y
Ganadero, explicó durante un foro universitario que, "cualquiera que
desee producir, ofrecer, importar o exportar material de reproducción,
deberá contar con la autorización del titular del derecho". Según
Torok, sólo 20 por ciento del volumen de plantas frutales que se vende
en Chile está bajo régimen de variedad protegida pero, si se continúa
con la tendencia de los países industrializados, en unos 10 años más la
relación será inversa: 80 por ciento de las variedades serán
protegidas, es decir, con derechos exclusivos de sus obtentores, y sólo
20 por ciento de las semillas serán libres.
Otro de los temores de ambientalistas e indígenas es que el UPOV 91
abra el camino al cultivo de transgénicos. En Chile actualmente se
producen semillas genéticamente modificadas para exportación, pero no
se permite su uso en suelo nacional. "Chile es el país número uno en
producción de semillas transgénicas del hemisferio sur, pero acá no se
pueden usar. La paradoja es que después importamos el producto, que se
elaboró a partir de esa semilla", y deja a los agricultores chilenos
"en una desigualdad de condiciones con los extranjeros", según
ChileBio, que integra la red internacional CropLife.
Pero la inserción en la producción global de transgénicos, y
especializar determinadas áreas en Chile es "un riesgo de contaminación
enorme e irreversible", alertó Sepúlveda.
(FIN/2011)
FUENTE: IPS
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